Las palabras son sólo eso: palabras.
Basta una mirada para saber qué quieres decirme y yo te contesto con una sonrisa. Un suave pero sutil y efectivo roce con las yemas de tus dedos sobre mi piel hace que mi cuerpo despierte y reaccione.
Me vuelvo loca al sentir tus manos serpenteando lenta, suave y dulcemente hasta llegar a esa ardiente barrera, alimentada por una gran pasión. Éxtasis, sobredosis de cariño, placer... ¡amor! Siento tu cálido aliento sobre mi nuca y sé que aún sigues ahí...
Entre todos estos gestos, el tiempo se detiene y en el mundo sólo existimos tú y yo, amándonos.
Sobran las palabras, pues nuestros cuerpos, nuestras manos, cada beso que nos damos, lo dicen todo, nos delatan. Pero te volveré a repetir dos palabras que tú ya sabes:
TE QUIERO.
TE QUIERO.