Ha llegado el momento de cambiar las reglas del juego.
Tu cara de idiota no ayuda. Sabes bien a qué me refiero.
Voy a usar tu táctica. ¿En qué vas a usar mi táctica y a qué táctica te refieres?, te preguntarás.
Muy sencillo: en el juego de mi vida. Las normas del juego van a cambiar, las pondré yo a partir de ahora. Tiraré unas cartas y las jugaré incluso cuando no me toque, sin importar las consecuencias, es decir, sin importar si te jode.
Consciente siempre de que aquí sólo hay un ganador: yo.
Voy a usar tu táctica. La táctica de ganar.
30 nov 2010
4 nov 2010
Hace tiempo saqué un billete para una montaña rusa (o para el túnel del terror)
Después de relatarle la serie de cosas sucedidas, me preguntó:
-Y ahora... ¿qué es lo que sois?
-¿Cómo que qué es lo que somos? -Esta pregunta me irritó un tanto.- ¿No te lo he dicho ya? Somos amigos.
-Pues es que a veces no da esa impresión...
-Dará la impresión que tenga que dar, aun así, no es cierta. Ya sabes lo que dicen: "las apariencias engañan", ¿no?
-Sí. Pero... pasa que a ti no te veo muy contenta...
-Ya. Le tengo muchísimo aprecio, cariño, pero... hay veces que lo mataría.
-¿Por qué?
-Siempre estamos igual, no podemos ser amigos, sin más. Nos enfadamos con demasiada frecuencia. Si no es uno, es el otro. Casi siempre soy yo la que se enfada. Tengo razones de sobra para hacerlo. Y cuando no estamos enfadados, estamos de puta madre. No sé, es como un viaje en una montaña rusa, solo que cada uno va en vagones distintos.
-Entiendo... ¿y en qué vagón va cada uno?
-Pues él está sentado en el primero y suele estar casi siempre arriba, tocando el sol con las yemas de sus dedos... Yo en cambio, estoy en el último y casi siempre estoy abajo, es rara la vez que subo. Se puede decir que todas esas tuercas y tornillos que unen esos vagones son aquellas veces que lo haya perdonado, porque quizá sea eso, a día de hoy, lo poco que queda...
-¿Estás segura de que eso es una montaña rusa y no otra cosa?- este comentario le hizo reír.
-A veces pienso que se trata del túnel del terror. Lo que sí sé es que me he mareado y me he cansado ya. Quiero bajar o por lo menos, que se convierta en una atracción más tranquila.
-Mira, lo que tienes que hacer es pedirle al revisor que pare la atracción y bajarte, y más ahora que estás abajo. Y cada cual que siga su camino, pero tú fuera de esa montaña rusa ¡ya!
-Lo sé... Sírveme algo fresquito y rico, ¿quieres?- esbozó una media sonrisa.
-¡Claro!
-Y ahora... ¿qué es lo que sois?
-¿Cómo que qué es lo que somos? -Esta pregunta me irritó un tanto.- ¿No te lo he dicho ya? Somos amigos.
-Pues es que a veces no da esa impresión...
-Dará la impresión que tenga que dar, aun así, no es cierta. Ya sabes lo que dicen: "las apariencias engañan", ¿no?
-Sí. Pero... pasa que a ti no te veo muy contenta...
-Ya. Le tengo muchísimo aprecio, cariño, pero... hay veces que lo mataría.
-¿Por qué?
-Siempre estamos igual, no podemos ser amigos, sin más. Nos enfadamos con demasiada frecuencia. Si no es uno, es el otro. Casi siempre soy yo la que se enfada. Tengo razones de sobra para hacerlo. Y cuando no estamos enfadados, estamos de puta madre. No sé, es como un viaje en una montaña rusa, solo que cada uno va en vagones distintos.
-Entiendo... ¿y en qué vagón va cada uno?
-Pues él está sentado en el primero y suele estar casi siempre arriba, tocando el sol con las yemas de sus dedos... Yo en cambio, estoy en el último y casi siempre estoy abajo, es rara la vez que subo. Se puede decir que todas esas tuercas y tornillos que unen esos vagones son aquellas veces que lo haya perdonado, porque quizá sea eso, a día de hoy, lo poco que queda...
-¿Estás segura de que eso es una montaña rusa y no otra cosa?- este comentario le hizo reír.
-A veces pienso que se trata del túnel del terror. Lo que sí sé es que me he mareado y me he cansado ya. Quiero bajar o por lo menos, que se convierta en una atracción más tranquila.
-Mira, lo que tienes que hacer es pedirle al revisor que pare la atracción y bajarte, y más ahora que estás abajo. Y cada cual que siga su camino, pero tú fuera de esa montaña rusa ¡ya!
-Lo sé... Sírveme algo fresquito y rico, ¿quieres?- esbozó una media sonrisa.
-¡Claro!
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