Podía sentir sus manos colándose por debajo de la tela de su vestido y hacerla sentirse muy deseada; la más deseada del planeta.
Notaba cómo sus finos dedos desabrochaban los botones de su camisa mientras seguía besando cada centímetro de su ardiente piel y su mano perdiéndose por su pantalón para acariciarle el bajo vientre...
-¿Eres mala, eh?- le dijo, pues ella sabía muy bien dónde tocar y cómo jugar para volverlo loco. Ella le contestó con su mirada y su sonrisa más pícara y traviesa.
La ropa cayó al suelo y a la luz de la luna quedaron visibles sus cuerpos desnudos.
-Vente al agua.
Aquello lo volvió más loco aún y, por supuesto, fue con ella al agua, adentrándose poco a poco abrazados, besándose...
Los dos cuerpos abrazados llegaron a fundirse en uno solo. Buscó sus labios para besarlos cuando sintió que iba a explotar pero él los rechazó dirigiéndolos a su oído, dónde le susurró:
-No lo hagas. Quiero oír cómo te vuelves loca de placer...
...Y así, el silencio de aquella oscura y calurosa noche de verano fue roto por los gemidos de aquella chica.