2 dic 2010

Sólo un deseo

-Genio de la Lámpara Maravillosa al habla, ¿dígame? ¿Qué desea?

-...- noto como una ligera indecisión se va haciendo dueña de mí.

-Oiga, ¿está ahí?

-Sí, sí, perdón. Y, a ser posible, no me trate de usted.

-Está bien. Supongo que ya sabes cómo funciona esto. Pides tres deseos y te serán concedidos.

-Con uno me es suficiente, gracias. A partir de ese, ya iré consiguiendo yo el resto, espero...

-¿Sólo uno? ¿Por qué? ¿Sabes que cuando lo pides, ya no podrás volver a pedir ninguno nunca más?

-No, no sabía ese último detalle. Pero sólo quiero uno, y es bien sencillo. Siempre se ha dicho que los tontos tienen suerte, ¿no? Pues yo quiero eso: que me hagas tonta, para tener suerte. Bueno, tonta, tonta, no... no sé si soportaría el ser tonta de verdad. Pero quiero tener la capacidad de hacerme la tonta, sobre todo en aquellas situaciones que más falta me haga. Porque esa es -y ha sido siempre- su táctica: hacerse el tonto, y ahí lo ves, siempre ganando, feliz. Y no sólo la suya, también la de muchas personas, y ahí están, tan felices y ricamente, "de rositas", como se diría...

-La verdad: es el deseo más extraño que me han pedido. ¿Estás segura de que podrás conseguir el resto tú sola? ¿No has cambiado de opinión y quieres los dos que te quedan?

-No. No he cambiado de opinión. Quiero ese, sólo ese.

-Está bien, no sé si estaré a la altura y podré hacerlo realidad, pero... allá voy, por intentarlo que no quede.


¿Conseguirá la protagonista que el Genio de la Lámpara Maravillosa le conceda ese deseo? Continuará... o no.