...(y no es la canción de Avalanch)
Hoy no, en realidad fue ayer. Pero aún hoy sigo acordándome de ese recuerdo que me invadió ayer. Responsable de que me levantara de buen humor hoy.
¿Y qué es lo que he vuelto a recordar? Pues... una sonrisa.
Que me transmitía buen rollo, simpatía, cercanía, calidez...
Que me hizo mucho bien en un momento no muy agradable para mí.
Una sonrisa, sólo eso. Sin palabras. No hacían falta porque ya esa misma sonrisa, me decía muchas cosas.
Y con eso, ya estoy feliz.
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1 jun 2011
2 dic 2010
Sólo un deseo
-Genio de la Lámpara Maravillosa al habla, ¿dígame? ¿Qué desea?
-...- noto como una ligera indecisión se va haciendo dueña de mí.
-Oiga, ¿está ahí?
-Sí, sí, perdón. Y, a ser posible, no me trate de usted.
-Está bien. Supongo que ya sabes cómo funciona esto. Pides tres deseos y te serán concedidos.
-Con uno me es suficiente, gracias. A partir de ese, ya iré consiguiendo yo el resto, espero...
-¿Sólo uno? ¿Por qué? ¿Sabes que cuando lo pides, ya no podrás volver a pedir ninguno nunca más?
-No, no sabía ese último detalle. Pero sólo quiero uno, y es bien sencillo. Siempre se ha dicho que los tontos tienen suerte, ¿no? Pues yo quiero eso: que me hagas tonta, para tener suerte. Bueno, tonta, tonta, no... no sé si soportaría el ser tonta de verdad. Pero quiero tener la capacidad de hacerme la tonta, sobre todo en aquellas situaciones que más falta me haga. Porque esa es -y ha sido siempre- su táctica: hacerse el tonto, y ahí lo ves, siempre ganando, feliz. Y no sólo la suya, también la de muchas personas, y ahí están, tan felices y ricamente, "de rositas", como se diría...
-La verdad: es el deseo más extraño que me han pedido. ¿Estás segura de que podrás conseguir el resto tú sola? ¿No has cambiado de opinión y quieres los dos que te quedan?
-No. No he cambiado de opinión. Quiero ese, sólo ese.
-Está bien, no sé si estaré a la altura y podré hacerlo realidad, pero... allá voy, por intentarlo que no quede.
¿Conseguirá la protagonista que el Genio de la Lámpara Maravillosa le conceda ese deseo? Continuará... o no.
-...- noto como una ligera indecisión se va haciendo dueña de mí.
-Oiga, ¿está ahí?
-Sí, sí, perdón. Y, a ser posible, no me trate de usted.
-Está bien. Supongo que ya sabes cómo funciona esto. Pides tres deseos y te serán concedidos.
-Con uno me es suficiente, gracias. A partir de ese, ya iré consiguiendo yo el resto, espero...
-¿Sólo uno? ¿Por qué? ¿Sabes que cuando lo pides, ya no podrás volver a pedir ninguno nunca más?
-No, no sabía ese último detalle. Pero sólo quiero uno, y es bien sencillo. Siempre se ha dicho que los tontos tienen suerte, ¿no? Pues yo quiero eso: que me hagas tonta, para tener suerte. Bueno, tonta, tonta, no... no sé si soportaría el ser tonta de verdad. Pero quiero tener la capacidad de hacerme la tonta, sobre todo en aquellas situaciones que más falta me haga. Porque esa es -y ha sido siempre- su táctica: hacerse el tonto, y ahí lo ves, siempre ganando, feliz. Y no sólo la suya, también la de muchas personas, y ahí están, tan felices y ricamente, "de rositas", como se diría...
-La verdad: es el deseo más extraño que me han pedido. ¿Estás segura de que podrás conseguir el resto tú sola? ¿No has cambiado de opinión y quieres los dos que te quedan?
-No. No he cambiado de opinión. Quiero ese, sólo ese.
-Está bien, no sé si estaré a la altura y podré hacerlo realidad, pero... allá voy, por intentarlo que no quede.
¿Conseguirá la protagonista que el Genio de la Lámpara Maravillosa le conceda ese deseo? Continuará... o no.
30 nov 2010
La táctica de ganar
Ha llegado el momento de cambiar las reglas del juego.
Tu cara de idiota no ayuda. Sabes bien a qué me refiero.
Voy a usar tu táctica. ¿En qué vas a usar mi táctica y a qué táctica te refieres?, te preguntarás.
Muy sencillo: en el juego de mi vida. Las normas del juego van a cambiar, las pondré yo a partir de ahora. Tiraré unas cartas y las jugaré incluso cuando no me toque, sin importar las consecuencias, es decir, sin importar si te jode.
Consciente siempre de que aquí sólo hay un ganador: yo.
Voy a usar tu táctica. La táctica de ganar.
Tu cara de idiota no ayuda. Sabes bien a qué me refiero.
Voy a usar tu táctica. ¿En qué vas a usar mi táctica y a qué táctica te refieres?, te preguntarás.
Muy sencillo: en el juego de mi vida. Las normas del juego van a cambiar, las pondré yo a partir de ahora. Tiraré unas cartas y las jugaré incluso cuando no me toque, sin importar las consecuencias, es decir, sin importar si te jode.
Consciente siempre de que aquí sólo hay un ganador: yo.
Voy a usar tu táctica. La táctica de ganar.
4 nov 2010
Hace tiempo saqué un billete para una montaña rusa (o para el túnel del terror)
Después de relatarle la serie de cosas sucedidas, me preguntó:
-Y ahora... ¿qué es lo que sois?
-¿Cómo que qué es lo que somos? -Esta pregunta me irritó un tanto.- ¿No te lo he dicho ya? Somos amigos.
-Pues es que a veces no da esa impresión...
-Dará la impresión que tenga que dar, aun así, no es cierta. Ya sabes lo que dicen: "las apariencias engañan", ¿no?
-Sí. Pero... pasa que a ti no te veo muy contenta...
-Ya. Le tengo muchísimo aprecio, cariño, pero... hay veces que lo mataría.
-¿Por qué?
-Siempre estamos igual, no podemos ser amigos, sin más. Nos enfadamos con demasiada frecuencia. Si no es uno, es el otro. Casi siempre soy yo la que se enfada. Tengo razones de sobra para hacerlo. Y cuando no estamos enfadados, estamos de puta madre. No sé, es como un viaje en una montaña rusa, solo que cada uno va en vagones distintos.
-Entiendo... ¿y en qué vagón va cada uno?
-Pues él está sentado en el primero y suele estar casi siempre arriba, tocando el sol con las yemas de sus dedos... Yo en cambio, estoy en el último y casi siempre estoy abajo, es rara la vez que subo. Se puede decir que todas esas tuercas y tornillos que unen esos vagones son aquellas veces que lo haya perdonado, porque quizá sea eso, a día de hoy, lo poco que queda...
-¿Estás segura de que eso es una montaña rusa y no otra cosa?- este comentario le hizo reír.
-A veces pienso que se trata del túnel del terror. Lo que sí sé es que me he mareado y me he cansado ya. Quiero bajar o por lo menos, que se convierta en una atracción más tranquila.
-Mira, lo que tienes que hacer es pedirle al revisor que pare la atracción y bajarte, y más ahora que estás abajo. Y cada cual que siga su camino, pero tú fuera de esa montaña rusa ¡ya!
-Lo sé... Sírveme algo fresquito y rico, ¿quieres?- esbozó una media sonrisa.
-¡Claro!
-Y ahora... ¿qué es lo que sois?
-¿Cómo que qué es lo que somos? -Esta pregunta me irritó un tanto.- ¿No te lo he dicho ya? Somos amigos.
-Pues es que a veces no da esa impresión...
-Dará la impresión que tenga que dar, aun así, no es cierta. Ya sabes lo que dicen: "las apariencias engañan", ¿no?
-Sí. Pero... pasa que a ti no te veo muy contenta...
-Ya. Le tengo muchísimo aprecio, cariño, pero... hay veces que lo mataría.
-¿Por qué?
-Siempre estamos igual, no podemos ser amigos, sin más. Nos enfadamos con demasiada frecuencia. Si no es uno, es el otro. Casi siempre soy yo la que se enfada. Tengo razones de sobra para hacerlo. Y cuando no estamos enfadados, estamos de puta madre. No sé, es como un viaje en una montaña rusa, solo que cada uno va en vagones distintos.
-Entiendo... ¿y en qué vagón va cada uno?
-Pues él está sentado en el primero y suele estar casi siempre arriba, tocando el sol con las yemas de sus dedos... Yo en cambio, estoy en el último y casi siempre estoy abajo, es rara la vez que subo. Se puede decir que todas esas tuercas y tornillos que unen esos vagones son aquellas veces que lo haya perdonado, porque quizá sea eso, a día de hoy, lo poco que queda...
-¿Estás segura de que eso es una montaña rusa y no otra cosa?- este comentario le hizo reír.
-A veces pienso que se trata del túnel del terror. Lo que sí sé es que me he mareado y me he cansado ya. Quiero bajar o por lo menos, que se convierta en una atracción más tranquila.
-Mira, lo que tienes que hacer es pedirle al revisor que pare la atracción y bajarte, y más ahora que estás abajo. Y cada cual que siga su camino, pero tú fuera de esa montaña rusa ¡ya!
-Lo sé... Sírveme algo fresquito y rico, ¿quieres?- esbozó una media sonrisa.
-¡Claro!
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