22 may 2010

El mundo está loco. (Fachada)

Mónica cuenta con veintipocos años. Tiene un trabajo estable con un sueldo aceptable que le permite vivir bastante bien. Posee muy pocas amigas ya que, según Mónica "todas le tienen envidia". "No, perdona -dicen las chicas realistas que un día fueron amigas suyas- nosotras estamos muy contentas con lo que tenemos y no necesitamos nada más". No tiene novio porque, según ella misma "el amor es para las personas débiles, además de una pérdida de tiempo", así pues, por su cama han pasado cientos de hombres, ha jugado con muchos y ha roto el corazón de otros tantos, además de romper varios matrimonios.
Cuando camina por los pasillos de la oficina en la que trabaja, todos -especialmente los hombres- se giran a su paso para admirarla. Tiene un cuerpo perfecto y aún así, ella "se ve gorda". Se queja de vicio y no duda en probar de todo para perder peso rápidamente: dietas milagrosas y gimnasios, así como las tantas cremas y pastillas que guarda por casa. Incluso llegó a ponerse a dieta por algún que otro hombre, perdiendo dignidad -aparte de peso- para ganar en estupidez, por querer parecerse a algunas supermodelos esqueléticas.
Si cambiara su vida por la de alguna de esas personas que, en algún lugar del mundo se muere de hambre, ¿seguiría pensando que está gorda? Sí. Eso va en la mentalidad, no en el cuerpo y para la mentalidad rara vez hay solución. En la de Mónica no la hay.
Todos los días llega a la oficina con una sonrisa y otras tantas carcajadas, aunque falsas. Aparenta tener un gran aprecio a todos y llevarse bien con todo el mundo. Pero esto es sólo fachada, una máscara para atraer a todo el mundo. Ella no siente las sonrisas con las que llega al trabajo, son falsas pero las lleva incorporadas en la cara desde buena hora de la mañana "para que vean y admiren lo feliz que es". Y realmente no, no es feliz. Le falta todo aquello que desprecia con su máscara, con su hipocresía: afecto, cariño, amor.
Es víctima de envidias de algunas -las más estúpidas, como ella- y de odios de otras tantas, muchísimas más, las más realistas, las mujeres reales y naturales que piensan que una grandísima parte de la humanidad es tremendamente estúpida y cuando ésta les da una respuesta, gritan: "¿Estamos locos o qué? Sí, definitivamente: el mundo está loco".
Llegó a la treintena y su éxito fue en decadencia.
Llegaron los cuarenta y muchas cosas pasaron: su belleza empezó a irse al traste, tanto es así que ni las cremas ni el maquillaje (de grandes firmas de cosmética, por supuesto) la salvaron. También ganó algo de peso, pero no mucho, no vaya a ser que le de un infarto...
Y también se enamoró. Sí, ella, la misma Mónica que en su juventud decía que eso era una pérdida de tiempo y era para débiles. Se enamoró de uno de aquellos hombres que a sus veintitantos pasó por su cama.
Por ironías del destino sus vidas se volvieron a cruzar, viviendo un pequeño romance que no duró más que unos meses, el tiempo justo para que ella se enamorara. Él, por contra, no se enamoró, jugó con ella como ella lo hizo en el pasado, ya que la recordaba perfectamente como recordaba también su dolor, sumados al resentimiento y al rencor que fue ganando después.
Mónica murió a sus 66 años de edad, víctima de estupidez crónica, de la estupidez crónica abundante en la sociedad y de la que ella misma, con su fachada, se fue forjando durante su vida. Murió sola. El orgullo pudo con ella. Nunca llegó a quitarse la máscara.

3 comentarios:

  1. Oh! Jess amb blog! T´agregu, doncs ;)


    Me gusta, seh, me gusta lo que Jess escribe xDD Gracias por dejarme la dire, te firmo desde el mío... Petonets

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  2. jiji no sabía que tenías blog XD
    hay fotos muy chulas^^
    pues nada te agregoooooo! voy a leer un poquillo a ver que tal lo haces jaja
    =)

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  3. A mi me ha gustado, es una historia que se lee rápido y te entretiene mientras la lees, a la vez que te hace pensar lo estúpidas que son algunas personas...
    Aunque no me salga tu blog pinchandote a la "carita" te seguiré visitando y leyendo =)

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